El dolor en la cara interna del codo es una de esas molestias que muchas personas ignoran durante semanas, convencidas de que desaparecerá solo. No suele hacerlo. El codo de golfista, conocido clínicamente como epitrocleitis, afecta a la inserción de los tendones flexores del antebrazo y puede convertirse en un problema crónico si no se aborda a tiempo. Y no, no hace falta jugar al golf para sufrirlo: cualquier actividad que implique agarre repetitivo o flexión constante de muñeca puede desencadenarlo.
Síntomas habituales de la lesión tendinosa medial
El síntoma más reconocible es un dolor localizado en la parte interna del codo, justo sobre la epitróclea, que se intensifica al cerrar el puño, girar la muñeca o levantar objetos con la palma hacia arriba. En fases iniciales, la molestia aparece solo durante la actividad y desaparece con el reposo. Cuando la lesión progresa, el dolor se mantiene incluso en reposo e irradia hacia el antebrazo y la muñeca.
Otros signos frecuentes incluyen rigidez matutina en el codo, debilidad al agarrar (por ejemplo, dificultad para abrir un bote o apretar un destornillador) y sensibilidad al presionar directamente sobre la epitróclea. En casos avanzados puede aparecer hormigueo en los dedos anular y meñique por irritación del nervio cubital, que discurre muy cerca de la zona afectada.
Causas frecuentes en deporte,trabajo y actividades repetitivas
Aunque el nombre sugiere que es exclusiva de golfistas, la epitrocleitis aparece con mucha más frecuencia en contextos laborales y deportivos variados. Electricistas, carpinteros, cocineros profesionales y personas que trabajan con herramientas manuales acumulan miles de repeticiones diarias de flexión y pronación de muñeca, y eso somete a los tendones flexores a una carga que supera su capacidad de recuperación.
En el ámbito deportivo, deportes de raqueta (especialmente el pádel, muy popular en España), la escalada, el crossfit y los lanzamientos en béisbol o jabalina son desencadenantes habituales. El mecanismo es siempre similar: sobrecarga repetitiva que genera microdesgarros en la inserción tendinosa. Factores como una técnica deficiente, un agarre excesivamente fuerte o un calentamiento insuficiente multiplican el riesgo. El uso prolongado del ratón y el teclado también puede contribuir, algo que muchos oficinistas desconocen.
Diferencias con otras molestias del brazo y la muñeca
Confundir la epitrocleitis con otras patologías del codo es bastante común, y un diagnóstico erróneo retrasa la recuperación. La diferencia principal con la epicondilitis (codo de tenista) es la localización: el codo de tenista afecta a la cara externa, mientras que la epitrocleitis se sitúa en la cara interna. Los movimientos que provocan dolor también difieren: la epicondilitis duele al extender la muñeca, y la epitrocleitis al flexionarla.
El síndrome del túnel cubital puede coexistir con la epitrocleitis o confundirse con ella, ya que ambos generan molestias en la zona medial del codo. La clave está en que el atrapamiento del nervio cubital produce sobre todo síntomas neurológicos: entumecimiento, hormigueo y pérdida de fuerza en los dedos cuarto y quinto. Las tendinopatías de muñeca, como la tendinitis de De Quervain, se localizan más distalmente y responden a maniobras clínicas diferentes. Un fisioterapeuta con experiencia puede distinguir estas entidades en la primera valoración.
Evaluación fisioterapéutica para determinar el grado de afectación
Una valoración completa comienza con una historia clínica detallada: cuándo empezó el dolor, qué actividades lo agravan, si ha habido episodios previos y qué tratamientos se han probado. A continuación, el fisioterapeuta realiza pruebas específicas como el test de flexión resistida de muñeca y el test de pronación resistida, que reproducen el dolor cuando la epitrocleitis está presente.
La palpación de la epitróclea y la musculatura flexora permite identificar puntos gatillo activos y valorar el grado de sensibilidad. Se evalúa también el rango de movimiento del codo y la muñeca, la fuerza de agarre con dinamómetro y la estabilidad articular. En algunos casos se solicita una ecografía musculoesquelética para confirmar el engrosamiento tendinoso o descartar roturas parciales. Con toda esta información se clasifica la lesión en leve, moderada o severa, y se diseña un plan de tratamiento ajustado al grado de afectación.
Técnicas de rehabilitación para reducir dolor y recuperar fuerza
El tratamiento conservador es efectivo en más del 85 % de los casos de epitrocleitis, y la fisioterapia es el pilar fundamental. Las técnicas más utilizadas incluyen:
- Terapia manual: movilizaciones articulares del codo y la muñeca, liberación miofascial de los flexores del antebrazo y técnicas de deslizamiento neural del nervio cubital.
- Punción seca: aplicada sobre los puntos gatillo del pronador redondo, flexor radial del carpo y palmar largo, con resultados significativos en la reducción del dolor desde las primeras sesiones.
- Ejercicios excéntricos: contracciones controladas de los flexores de muñeca con cargas progresivas, realizando 3 series de 15 repeticiones diarias.
- Vendaje funcional: para limitar la pronación excesiva y reducir la tensión sobre la epitróclea durante las actividades cotidianas.
- Crioterapia y electroterapia: como complemento analgésico en las fases agudas, aplicando hielo durante 10-15 minutos cada 3-4 horas.
Durante la fase aguda conviene aplicar reposo relativo (no absoluto), evitar los movimientos que reproducen el dolor y no realizar estiramientos agresivos de la musculatura flexora, ya que pueden agravar la irritación tendinosa.
Ejercicios progresivos para mejorar movilidad y prevenir recaídas
La rehabilitación sigue una progresión clara que suele extenderse entre 6 y 12 semanas. En la primera fase (semanas 1-3), se trabajan ejercicios isométricos de flexión de muñeca, manteniendo la contracción durante 30-45 segundos en 5 repeticiones, sin provocar dolor. Estos ejercicios tienen un efecto analgésico demostrado y preparan el tendón para cargas mayores.
En la segunda fase (semanas 4-7) se introducen los ejercicios excéntricos con mancuerna ligera (1-2 kg), bajando lentamente la muñeca desde extensión hasta flexión completa. Se añaden ejercicios de agarre con pelota blanda y rotaciones de antebrazo con banda elástica. La tercera fase (semanas 8-12) incorpora ejercicios funcionales que simulan las demandas reales del paciente: gestos deportivos, movimientos laborales o actividades domésticas. La prevención de recaídas pasa por mantener una rutina de fortalecimiento dos veces por semana, corregir la ergonomía del puesto de trabajo y calentar adecuadamente antes de cualquier actividad de agarre intenso.
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La epitrocleitis responde muy bien al tratamiento fisioterapéutico cuando se aborda con un plan estructurado y adaptado a cada persona. Esperar a que el dolor desaparezca solo rara vez funciona, y cuanto antes se inicie la rehabilitación, más corto será el proceso de recuperación.
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Fisioterapeuta Colegiada Nº 50
• Diplomada en fisioterapia en la Universidad de Zaragoza (1996-19999).
• Formación en Drenaje linfático manual.