Ese dolor persistente en la parte interna del codo que aparece al agarrar objetos, girar la muñeca o simplemente dar un apretón de manos tiene nombre propio: codo de golfista, conocido clínicamente como epitrocleitis. Aunque su nombre sugiere que solo afecta a deportistas, la realidad es muy diferente. Electricistas, cocineros, personas que trabajan frente al ordenador y cualquiera que realice movimientos repetitivos de flexión de muñeca puede desarrollar esta lesión. Lo frustrante es que muchos pacientes tardan semanas o meses en buscar ayuda porque minimizan las molestias, y para entonces el problema se ha cronificado. Entender qué ocurre en tu brazo es el primer paso para recuperarte.
Qué causa el dolor en la cara interna del brazo
La epitrocleitis se origina en la epitróclea, una prominencia ósea situada en la cara interna del codo donde se insertan los tendones de los músculos flexores del antebrazo. Cuando estos tendones soportan una carga repetitiva excesiva, sus fibras sufren microrroturas que el cuerpo no logra reparar al ritmo necesario. El resultado es una degeneración tendinosa progresiva que provoca dolor e impotencia funcional.
Las causas más habituales incluyen gestos deportivos mal ejecutados (golf, pádel, lanzamiento), pero también tareas laborales como atornillar, teclear durante horas o manipular herramientas pesadas. Factores como una musculatura débil en el antebrazo, una mala ergonomía en el puesto de trabajo o no calentar antes de la actividad física aumentan considerablemente el riesgo. La edad también juega un papel relevante: la mayoría de casos se concentran entre los 35 y 55 años, cuando la capacidad regenerativa del tendón empieza a disminuir.
Síntomas frecuentes de la sobrecarga en tendones flexores
El síntoma principal es un dolor localizado en la cara interna del codo que se intensifica al flexionar la muñeca contra resistencia o al cerrar el puño con fuerza. Este dolor suele aparecer de forma gradual, comenzando como una molestia leve tras la actividad y evolucionando hasta estar presente en reposo si no se trata.
Otros signos que conviene reconocer:
- Sensibilidad al palpar la epitróclea: dolor agudo al presionar directamente sobre el hueso.
- Debilidad en la prensión: dificultad para sostener objetos como una taza de café o una botella.
- Rigidez matutina: sensación de tirantez en la cara interna del antebrazo al despertar.
- Irradiación del dolor: en casos avanzados, las molestias pueden extenderse hacia la muñeca o incluso los dedos.
- Hormigueo ocasional: si existe compromiso del nervio cubital, que discurre por la misma zona.
Si llevas más de dos semanas con estas molestias, no esperes a que desaparezcan solas. La cronicidad complica el tratamiento y alarga los plazos de recuperación.
Cómo se diagnostica una lesión por movimientos repetitivos
El diagnóstico del codo de golfista es fundamentalmente clínico. Un fisioterapeuta o traumatólogo experimentado puede identificarlo mediante la exploración física, sin necesidad de pruebas complejas en la mayoría de los casos. La maniobra más utilizada consiste en pedir al paciente que flexione la muñeca contra resistencia con el codo extendido: si aparece dolor en la epitróclea, la sospecha se confirma.
Las pruebas de imagen se reservan para situaciones donde existen dudas diagnósticas o se sospecha una rotura parcial del tendón. La ecografía musculoesquelética es la herramienta más accesible y permite visualizar el estado del tendón en tiempo real, identificando engrosamiento, calcificaciones o desgarros. La resonancia magnética ofrece mayor detalle, pero su coste es superior y rara vez resulta imprescindible. Es importante diferenciar la epitrocleitis de otras patologías que generan dolor similar, como la neuropatía cubital, la inestabilidad ligamentosa o la artrosis de codo.
Tratamientos de fisioterapia para reducir inflamación y molestias
El abordaje conservador mediante fisioterapia es el tratamiento de primera elección para la epitrocleitis, con tasas de éxito superiores al 85% cuando se aplica de forma adecuada y el paciente colabora activamente. Frente a las infiltraciones de corticoides, que ofrecen alivio rápido pero presentan altas tasas de recaída a los 6 meses, la fisioterapia aborda la causa real del problema.
Las técnicas más eficaces en 2026 incluyen:
- Terapia manual: movilizaciones articulares y masaje transverso profundo tipo Cyriax sobre la inserción tendinosa.
- Punción seca: desactivación de puntos gatillo en los músculos pronador redondo, palmar mayor y flexor superficial de los dedos.
- Electrolisis percutánea (EPI/EPTE): aplicación de corriente galvánica directamente sobre el tejido degenerado para estimular la regeneración.
- Vendaje funcional: descarga de la musculatura epicondílea medial durante las actividades que generan sobrecarga.
- Crioterapia localizada: aplicación de hielo durante 15 minutos, 3 veces al día, especialmente en la fase aguda.
Durante las primeras semanas, conviene reducir las actividades que provocan dolor sin caer en el reposo absoluto, que debilita aún más el tendón.
Ejercicios terapéuticos para recuperar fuerza y movilidad
La rehabilitación activa es la piedra angular de la recuperación. Sin ejercicio terapéutico progresivo, el tendón no recupera su capacidad para soportar cargas y las recaídas son casi inevitables. Un programa bien estructurado suele durar entre 8 y 12 semanas.
La progresión recomendada sigue tres fases:
- Fase 1 (semanas 1-3): ejercicios isométricos de flexión de muñeca, manteniendo la contracción 30-45 segundos, 5 repeticiones, 3 veces al día. El objetivo es reducir el dolor y empezar a estimular el tendón.
- Fase 2 (semanas 4-7): ejercicios excéntricos con mancuerna ligera (1-2 kg). Flexión lenta de muñeca en 3 segundos y extensión controlada en 5 segundos. Series de 15 repeticiones, 2 veces al día.
- Fase 3 (semanas 8-12): ejercicios de carga progresiva que simulen los gestos deportivos o laborales del paciente. Aquí se trabaja la fuerza de agarre, la pronación-supinación y la estabilidad global del codo.
Cada fase debe completarse sin dolor significativo antes de avanzar a la siguiente.
Consejos para prevenir recaídas en deporte y trabajo
Una vez superada la fase aguda, la prevención marca la diferencia entre una recuperación definitiva y un ciclo frustrante de recaídas. El tendón necesita entre 3 y 6 meses para recuperar completamente su estructura, incluso cuando el dolor ya ha desaparecido.
Para deportistas, revisar la técnica con un entrenador cualificado es fundamental. En pádel y golf, un agarre demasiado fuerte o un gesto técnico incorrecto multiplican la tensión sobre la epitróclea. Reducir la tensión del cordaje o cambiar el grosor del grip puede suponer una mejora notable. En el ámbito laboral, adaptar la ergonomía del puesto resulta igual de importante: altura correcta del teclado, herramientas con mangos acolchados y pausas activas cada 45 minutos. Mantener una rutina de fortalecimiento del antebrazo con ejercicios excéntricos 2-3 veces por semana actúa como seguro a largo plazo.
Recupera la funcionalidad de tu brazo con Fisiorioja
La epitrocleitis no tiene por qué limitarte durante meses si cuentas con un diagnóstico preciso y un plan de tratamiento personalizado. La combinación de técnicas manuales, punción seca, ejercicio terapéutico progresivo y educación sobre hábitos posturales consigue que la gran mayoría de pacientes vuelvan a su actividad normal sin cirugía. Lo esencial es no dejar pasar el tiempo esperando que el dolor se resuelva solo.
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Fisioterapeuta Colegiada Nº 50
• Diplomada en fisioterapia en la Universidad de Zaragoza (1996-19999).
• Formación en Drenaje linfático manual.